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Pina Bausch

(Alemania 1940 - 2009)

en preparacion

 

Philippine Bausch, llamada Pina, nace en Solingen (Alemania) en 1940.

Tras formarse con Jurt Jooss en Alemania y pasar una temporada en la Juilliard School de Nueva York, vuelve a su país y comienza a trabajar en el hoy mítico Tanztheater de Wuppertal, que dirige desde 1973. Allí, muy pronto se convertirá en la creadora de ese rico y extremadamente complejo territorio que se ha denominado Teatro-Danza.
Observadora nata desde niña, actúa impulsada por un afán de contar lo que sucede a su alrededor y, para ello, como otros artistas de diferentes campos, comienza por rechazar el concepto de “cuerpo ideal” para mostrar una realidad heterogénea en la que el movimiento adquiere un enorme poder trasgresor.
 

       

De su mano y del trabajo de sus bailarines han surgido piezas tan emblemáticas como Ifigenia en Táuride, Café Müller, Arien, 1980, Kontakthofy muchas otras, tan discutidas como admiradas en todo el mundo.

 

Del mismo modo, su carácter trashumante y su enorme curiosidad por las diferentes formas de vida la han llevado, desde los años 80, a realizar distintas “residencias” en algunas de las grandes capitales del mundo actual. Tras una estancia de dos meses con todos sus bailarines en la ciudad elegida, siempre surge un nuevo espectáculo que no tiene por qué estar directamente relacionado con la ciudad pero que, sin duda, sale a la luz empapado de todas sus esencias. Roma, Palermo, Madrid, Lisboa, Estambul o Hong Kong han sido algunas de sus sedes.

 

Todas sus obras han sido realizadas casi siempre con la ayuda de más de veinte bailarines y bailarinas,  de  diferentes  razas  y  países,  que,  siguiendo  el  peculiar método de trabajo de la

           

directora, se implican con sus propios miedos, sus propios deseos, sus complejos y, en suma, con su propia vulnerabilidad. Esto lleva a la utilización de toda la gestualidad del comportamiento cotidiano, tanto en lo íntimo como en lo social; un aluvión de gestos físicos y emocionales que la sabia mano de la Bausch recicla y reintegra en composiciones llenas de originalidad, de ternura, de irónica crueldad  y,  sobre  todo,  de  un  vivo

humanismo que la sigue manteniendo entre las grandes creadoras del arte actual.

 

Entre sus temas más recurrentes se encuentra el deseo de las personas de ser amadas: “Todo lo que hacemos para que nos quieran”.

En resumidas cuentas, sus obras se valen de unos estereotipos del comportamiento humano que la artista plantea en forma de preguntas cuyas respuestas quedan siempre abiertas a las mil interpretaciones de los espectadores y espectadoras.

Como ella misma afirma, “todos somos distintos. Seguro que hay muchos niveles posibles de ser mujer y muchos de ser hombre así como muchos ámbitos en los que ambos se unen, pero siempre he atendido mucho más a la persona”.
 

No cabe duda, sin embargo, de que ese poner en el centro a la persona, sin apriorismos de ningún tipo, esa posibilidad que le ha dado a los bailarines y bailarinas para que muestren -de forma artística, naturalmente, mas no por ello con menos sinceridad-, sus sentimientos, sus experiencias, sus crisis y sus problemas de relación con los y las demás, constituye una enorme aportación a este camino fatigoso y lleno de obstáculos que debe llevarnos hacia la igualdad (que no hacia la homologación) de la sociedad contemporánea.

Hoy se encuentra retirada de la danza activa, salvo excepciones como su participación con el cineasta Almodóvar en la película “Hable con ella”.

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Pina Bausch y la danza contemporánea alemana

El nazismo hizo que muchos artistas alemanes emigraran. Laban y Jooss, otro coreógrafo alemán, fueron bienvenidos en Inglaterra. Kurt Jooss había criticado duramente a la sociedad alemana en sus coreografías, incluyendo entre sus personajes figuras como la de la muchacha que debe vender su cuerpo por dinero, la madre desesperada, el soldado humillado, el hombre hambriento de poder…Su obra más crítica fue La Mesa Verde (arriba, izquierda), en donde destacaba la grieta existente entre las distintas clases sociales.

Pina Bausch, nacida en 1940, es quien revive el espíritu de la danza alemana al crear el teatro-danza. Esta bailarina trabaja con sus propios miedos, sus deseos y complejos, su vulnerabilidad. Esto la lleva a emplear muchos gestos en sus coreografías y la exteriorización de lo interno, tal como hacían los expresionistas. Sus obras están llenas de crueldad e ironía pero a la vez cargadas de sentimientos humanos como por ejemplo qué hacemos para ser queridos, el cual es un tema recurrente en sus obras. Bausch deja de lado las diferencias entre los hombres para mostrar aquellos sentimientos comunes a todos los seres humanos

 

 

Pina Bausch en el Café Muller

 

 

 

Pina Bausch1 –1940– es quien revive el espíritu de la danza alemana al crear el teatro-danza. De su mano y del trabajo de sus bailarines han surgido piezas tan emblemáticas como Ifigenia en Táuride, Café Mueller (1978), Bandoneón (1987), y muchas otras, tan discutidas como admiradas en todo el mundo.

     Tras formarse con Kurt Jooss2 en Alemania y pasar una temporada en la Juilliard School de Nueva York, vuelve a su país y comienza a trabajar en el hoy mítico Tanztheater de Wuppertal, que dirige desde 1973. Allí, muy pronto se convierte en la creadora de ese rico y extremadamente complejo territorio que se ha denominado Teatro-Danza.

     Pina Bausch precozmente rupturista, testigo de una época desgarrada, donde con la devastación de los cimientos desaparece también el suelo de nuestras certezas más sagradas, se sitúa en la primera fila de la escena de avanzada, desde donde, reinventando el movimiento primigenio de la danza, reducida a los pocos movimientos posibles para una época crítica, actúa impulsada por un afán de acotar —en un ajuste de cuestas con las categorías impuestas del buen gusto y la belleza— los modelos canonizados del «cuerpo ideal» para mostrar una realidad heterogénea en la que el movimiento adquiere un enorme poder trasgresor.

     Pina Bausch, que ha sido distinguida con numerosos premios de danza de todo el mundo, nunca se pronuncia en forma pública sobre sus obras, porque esta mujer parca en palabras prefiere que hablen sus obras. En las fiestas después del estreno, la fumadora empedernida Pina Bausch prefiere mantenerse en segundo plano. Excepciones han sido hasta ahora dos apariciones en el cine con los directores Federico Fellini y Pedro Almodóvar.


2.

     La danza corre el riesgo de disolverse si continúa narcisistamente contemplándose a sí misma. La danza contemporánea ha encontrado una renovadora vertiente abstracta y expresionista, ampliando así sus fronteras, dejando de ser un género teatral diferenciado, para constituirse en una manifestación más de los procesos de hibridación propios de la sensibilidad postmoderna. Las fronteras entre teatro, plástica, danza y literatura se difuminan en un espejo que le devuelve su imagen ampliada y, hasta cierto punto deformada de sus propios orígenes siendo y no siendo ballet, siendo y no siendo teatro, plástica, danza literatura e incluso filosofía.

     La danza expresionista, también llamada danza abstracta, nace en el contexto de la agitación de las grandes vanguardias europeas de comienzos del siglo XX. La danza tradicional, vinculada al ballet clásico, fue transformada mediante una nueva estética de movimiento corporal donde no impera ya el valor de la métrica, el ritmo, los saltos y pasos previamente establecidos. En la danza expresionista se recupera el movimiento libre, una interacción más dinámica con el espacio, y la posibilidad de la autoexpresión corporal.

     El concepto de «ballet postmoderno», que apareció en los círculos especializados a fines de los años setenta, refiere a un conjunto de rupturas estético-expresivas, entre las que se cuentan —entre otras— la eliminación de la perspectiva unidimensional en provecho de un espacio abierto, ampliado, que responde en cierto modo a los descubrimientos de la física moderna; la revalorización de la dimensión cotidiana, el continuo de lo humano, en sus manifestaciones aparentemente triviales y pedestres, incluyendo en esta apertura la palabra, el ruido ambiente, en lo que constituye la irrupción de la música concreta al servicio de la danza; el abandono del entablado clásico por superficies naturales como el césped, la tierra, hojas secas, flores, e incluso el agua, son parte del estilo que alcanza su más plena expresión en las obras de Pina Bausch.

     Las obras de Pina Bausch no siguen una estructura narrativa ni una progresión lineal. Se construyen más bien a partir de una serie de episodios. Múltiples acciones escénicas simultáneas, imágenes impactantes, la utilización de las experiencias específicas de sus bailarines, de actividades cotidianas, de textos dirigidos a menudo al público y de una gran variedad de músicas en la banda sonora son elementos que llevan el sello reconocible de Bausch y que han pasado a formar parte de un léxico de la danza-teatro en Europa.

     Las bailarinas y bailarines de las obras de Pina Bausch no guardan relación con el ideal de belleza de cuerpos o vestuarios; trozos de música de ópera o rock interfieren con lo que está ocurriendo en el escenario; y su estilo de «collage» hecho de fragmentos recuerda más bien al cine o a las bellas artes que a la danza. Generalmente los bailarines actúan sobre superficies cubiertas de agua hasta los tobillos o lodo o entre un mar de claveles de plástico.

     En lugar de la música convencional de ballet, el Teatro de Danza de Wuppertal ofrece historias profundas de la existencia misma que son creadas en largas y estrechas discusiones entre la jefa y los integrantes del cuerpo de baile.

     Su carácter nómada y su enorme curiosidad por las diferentes formas de vida conducen a Pina Bausch, desde los años ‘80, a realizar distintas «residencias» en algunas de las grandes capitales del mundo. Roma, Madrid, Lisboa, Estambul u Hong Kong han sido algunas de sus sedes. Todas sus obras se realizan con la ayuda de bailarines de diferentes razas y países, que, siguiendo el peculiar método de trabajo de la directora, se implican con sus propios miedos, sus propios deseos, sus complejos y, en suma, con su propia vulnerabilidad. Esto lleva a la utilización de toda la gestualidad del comportamiento cotidiano, tanto en lo íntimo como en lo social; un aluvión de gestos físicos y emocionales que la sabia mano de Pina Bausch recicla y reintegra en composiciones llenas de originalidad, ternura, irónica crueldad y, sobre todo, de una viva y cruda humanidad.

     En la cartografía de los comportamientos humanos agresivos y potencialmente destructivos, latentes en la naturaleza humana, uno de los elementos que concurre en la configuración de las artes escénicas contemporáneas —entre ellas la danza— es la dialéctica defensa-agresión. La expresión corporal escenifica la agresión ritualizada como campo de enfrentamiento en el que comparece la tensión, la competencia y el origen genético del comportamiento teatral, de la puesta en escena de nuestras pulsiones eróticas y thanáticas, de nuestras estrategias representacionales y modelos de seducción y agresión litúrgicos.

     A este respecto el Psicodrama Analítico ofrece no sólo la metodología adecuada de sublimación, socialización y producción de subjetividad singular y colectiva, en orden a redirigir el potencial thanático-agresivo del comportamiento humano, sino la estrategia más efectiva en la prevención de la violencia social.

     Pina Bausch trabaja con sus propios miedos, sus deseos y complejos, su vulnerabilidad. Esto la lleva a emplear gestos desgarrados en sus coreografías, escenificando nuestra fantasmagórica intimidad y, en un registro de «lo terrible», al modo de los expresionistas, sus obras se pueblan de crueldad e ironía, atravesadas por la fragilidad de las inseguridades identitarias, aforadas de sentimientos humanos tan elementales como la necesidad de ser amados o, al menos, odiados.

     El espectador se convierte, también en el organizador de sus impulsos y de su experiencia estética. Por medio de la catarsis moviliza internamente la agresión no ejercitada o el erotismo anestesiado.

3.

     El éxito alcanzado por la artista no ha estado desprovisto de violentas controversias sobre su obra. El público de Wuppertal, por ejemplo, se encontraba dividido: por un lado, un grupo compacto de admiradores; por el otro, un frente de detractores convencidos, del que los más violentos cubrían a Pina Bausch de insultos y escupidas e intentaban arrancarle los cabellos, mientras otros la despertaban en la mitad de la noche con llamados telefónicos en los que la conminaban a dejar la ciudad.

     La recepción de sus obras continuó siendo objeto de controversias en los ‘90. Así como en Roma algunos fanáticos pagaban diez veces el precio de una entrada, poco después, en Londres, un crítico abandonó la función y escribió al día siguiente: «Es mejor pasear por la desapacible noche londinense que sufrir los suplicios de un espectáculo de Pina Bausch en el Sadler's Wells».

     Pina Bausch ha explorado el lado más despiadado y desesperado del ser humano, por ello no es casualidad que Pina Bausch y sus obras hayan provocado reacciones tan extremas y tan antitéticas; tampoco es casual que reclamen tomas de posiciones inequívocas. Todas sus piezas tratan sobre cuestiones fundamentales de la condición humana y obligan al público a confrontarse con estos problemas: el amor y la angustia, la nostalgia y la tristeza, la soledad, la frustración y el terror, la infancia y la vejez, la muerte, la explotación del hombre por el hombre, la memoria y el olvido.

Pina Bausch; Danza Abstracta y Psicodrama Analítico
Adolfo Vásquez Rocca

 

El gremio de la danza mundial está de luto. Se fue un verdadero icono de este arte: Pina Bausch (1940-2009). Nadie como ella logró revolucionar el lenguaje dancítico mundial. Nadie como ella rompió las estructuras tradicionales de esta disciplina artística. Por ello, deja un vacío imposible de llenar.
Fue el cáncer el que acabó con su vida. Murió a los 68 años de edad, estando más activa que nunca. De hecho, ya estaba preparando lo que ella llamaba la primera danza en tres dimensiones que iba a llevar su nombre: “Pina”.
El título de leyenda se lo ganó con creces. Es indiscutible su aporte al arte dancístico universal. Se trata de un icono y por ello su nombre es y seguirá siendo reconocido en todas las latitudes donde ha llegado. No por nada, la crítica la ha calificado como la mejor coreógrafa del siglo XX.
Pina Bausch. Un nombre que lo dice todo. Una referencia más que obligada para quienes han elegido esta profesión. Una figura que no pueden dejar de conocer los amantes de este arte.
Bailarina, coreógrafa y maestra alemana. Nació en 1940 en Solingen (Renania del Norte-Westfalia) . Su formación comenzó en 1955 en la Folkwangschule de Essen. Ahí tuvo grandes maestros como Kurt Joos y Sigurd Leeder. Su talento fue evidente, así que después de graduarse en 1959, recibió una beca para prepararse más en la Juilliard School of Music de Nueva York.
La figura de Bausch cautivaba. Por ello, formó parte de importantes Compañías, como la de Paul Sanasardo y Donya Feuer, Paul Taylor (donde estrenó el Ballet Tablet (1961). También bailó en el New American Ballet y el Metropolitan Opera Ballet.
A sus 64 años de edad, Bausch se mantuvo en una categoría privilegiada dentro de la danza mundial.  Y es que ella fue creadora de lo que en el pasado fue un nuevo  y original lenguaje: el teatro-danza, con el cual ha mantenido a su Compañía durante dos décadas y media.
La coreógrafa más que preocuparse por el movimiento de las personas, puso énfasis en las razones que las motivan a hacerlo. Algunas de las obras más significativas dentro de su trayectoria son Ifigenia en Táuride, Café Mueller (1978) y Bandoneón (1987).
Los especialistas han dicho que sus coreografías retratan al ser humano de manera integral, es decir, desde sus defectos hasta sus virtudes. Sus piezas lo mismo pueden ser crueles e irónicas, que tiernas.
La propuesta de la alemana no se preocupó por una estructura narrativa, sino en recrear acciones e imágenes a partir de experiencias propias o de lo que acontece a su alrededor. En su proyecto, la música toma un lugar trascendental, de ahí que no se ponga barreras de tiempo o nacionalidad para elegirla.
De Bausch hay que destacar su incesante necesidad de conocer más allá de lo que está a su alcance. Por ello, realizó varias residencias en grandes ciudades como Estambul, Hon Kong, Madrid o Roma.
Por fortuna, México pudo ser testigo del legado de esta Compañía. Vino en 1980, ofreciendo algunas presentaciones en la Sala Miguel Covarrubias, del Centro Cultural Universitario de la UNAM. Más tarde, actuó en el Palacio de Bellas Artes y en el Auditorio del Estado de Guanajuato(1994).
Hoy, aunque la maestra Bausch ya no está físicamente, siempre estará vigente a través de su Compañía: Tanztheater Wuppertal, que fundó en 1973 y que fue la plataforma que la mantuvo en la cima del mundo

 

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